viernes 10 de febrero de 2012
LOS DÍAS DE LLUVIA
Ayer recordé el mundo que conocí antes. Recordé rostros y momentos exactos: una llamada telefónica cuando cumplí 17 años y esa vez que llegué corriendo a la escuela para celebrar a una amiga. Recordé que un maestro, una eminencia, me regaló un libro suyo: en la dedicatoria, con mucho cariño, anotó: "Para la poeta". Personas. Algunos me quisieron bastante. Algunos siguieron buscándome a pesar de que yo ya andaba en otros vuelos. Había días en que mi casa estaba llena de amigos y mi mamá preparaba muchas milanesas, comprábamos varios litros de Coca-Cola. Éramos unos niños como el libro de Patti Smith. Hubo quienes me admiraban y me dedicaron palabras bonitas. GRANDES. Hubo quien dijo que le encantaba mi cabello y todo aquello que escribía. Varias veces, la mayoría, fui ejemplo. La consentida. (No toda mi vida ha sido miel, pero ahora, a la distancia, siento el amor de todos aquellos que me quisieron alguna vez y ese amor parece más grande que todas las desdichas). Una cadenita de oro en una cajita, fotos por internet. Cartitas con plumones y papel de cuaderno. Dibujos. Ramos de flores. Esas, las rosas blancas, las conservé un par de años y el clóset olía a flor dulce y seca, como de veladora. Palabras en mi oído. Los cumpleaños transcurrieron con personas y algunas fiestas. Todos amábamos mis cumpleaños. Cigarros. Tazas de café. Nunca aguanté el tequila pero lo bebí de todos modos. Una amiga siempre llegaba a mi casa con un cono de helado enteramente para mí (ahora siento que a ella la quiero más que nunca. Mi amiga). Tuve muchas, sólo pocas se quedaron. Abordé algunos taxis pero casi siempre hubo quien se ofreció a llevarme a la puerta de mi casa. Escribí demasiado. Los profesores solían describirlo como genialidad. Una maestra, otra eminencia (de las muchas que guardo en mi corazón) comentó que lo mío era cosa seria. Pasé al frente con cierta frecuencia para leer mis hojas. Un día di un pase para gol y llegamos a la semifinal del Nike Park. Ni siquiera debo pensar que es pura arrogancia: Quiero recordar esto. Tatuármelo en la cabeza. Rostros exactos: uno que siempre se vestía de negro con los labios pintados, uno con cabello al ras de la oreja, la que lo ha tenido de todos los tamaños. Sus caritas lindas. Ahora me da la impresión de cierta pureza y eso no lo sentí nunca. El roce de las manos: unas rugosas, otras suaves como hojas de árbol. 1000 personas. Quizás 500. A algunos los quise demasiado. Los días de lluvia creo haberlos vivido regularmente. Siempre odié que se mojaran mis zapatos pero era divertido cuando no estaba sola. Nunca lo he estado. A pesar de todo. 500 personas. Sus rostros pasan en ruleta. A muchos los había olvidado. Ha habido amor, uno grande, quizás demasiado. Lo demás, AHORA, tengo la idea que tampoco importa.
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viernes 4 de noviembre de 2011
EN UNA CAJA DE CERILLOS
"Si sientes miedo en el fondo de tu ser, es por algo muy bendito, estás sintiendo a tu madre tierra, ella te está diciendo lo que le sucede. Muchas cosas superfluas dejarán de tener importancia para ti y dejarás mucho y a muchos atrás, permítelo, algo sagrado está naciendo dentro de ti. Nada malo te pasará"
viernes 26 de agosto de 2011
CACHORRO
Los hermanos Cohen tienen razón cuando afirman que las cosas pequeñas corren muchos peligros. The little things. Aún poseen el olor dulce de las nubes del cielo. Apenas aprenden a respirar y deberían dormir siempre entre un par de brazos. Dios bendiga a todas las cosas pequeñas.
miércoles 27 de julio de 2011
miércoles 6 de julio de 2011
THE WHOLE WORLD SMILES WITH YOU

Es una cosa muy íntima: contigo el mundo no me da miedo. Que todo es suavecito, de terciopelo. Ojalá nos hubiéramos conocido tú y yo. Eres de mis personas favoritas y estoy segura que fuiste un hombre hermoso, bueno, un hombre de verdad bueno. Tan dulce, como la voz de Dios. Hubiéramos platicado de tantas cosas.
Ay Louis, han pasado 40 años y a mí me sigue poniendo triste saber que estás muerto.
lunes 20 de junio de 2011
FUEGOS de Marguerite Yourcenar
"Se llega virgen a todos los acontecimientos de la vida. Tengo miedo de no saber cómo arreglármelas con mi dolor."
sábado 11 de junio de 2011
Thank you for your wine, California...
Me puse una flor en el cabello antes de subir al avión. Y San Francisco me parece algo que no viví, tan bella es, como si la imaginaras. Creerías que los vagabundos de SOMA podrían cortarte la garganta pero luego extrañas sus gritos en la calle, cuando los ves por Market Street empujando sus carritos de supermercado, ahí cargan toda su vida. Y un negro muy lindo y coqueto, un vendedor de flores, dijo: “…a rose for your beutiful date…” y entonces comencé a flotar sobre el camino del Fisherman´s Warf. Las calles de Frisco huelen a mariguana y aún el silencio se escucha a saxofón, como si Jack Kerouac lo hubiera soñado. Los junkies dan miedo pero luego los extrañas también. En Frisco hay algo de mi niñez, algo borroso y cómodo, de cuando veía la televisión con mis padres. Caminando por Frisco de repente me siento más rebelde, glamorosa y bonita. Si avanzas sólo un poquito verás que el café de 24 horas luce como un picadero y hay siempre hombres sospechosos en la esquina. Las noches de Frisco se sienten al filo de la navaja. Hay mujeres de las cuales podrías escribir una novela completa nomás por que las viste cruzar la puerta de un burdel. Entonces crees que podrías vivirlo todo, tenerlo todo. Que existe gente buena por que un hombre se despide diciéndote God bless you, un hombre que te da esperanza en la humanidad simplemente por que tiene la sonrisa más linda del mundo. Siento que no caminé esas calles, tan bellas son, que dormí durante todo el viaje. Poesía pura: Monterrey, Sausalito, Santa Clara y Big Sur. Redondo y Rockaway Beach. Aún las playas me suenan a canción. Frente al mar de California, cuando la tarde muere y el cielo se torna algo rosado, algo naranja, sientes que no hay nada más que hacer, que podrías morir en ese instante y fundirte con el amor de Dios (ahora recuerdo también, sin querer, aquel choclo que me comí en Perú en una tarde igual de esplendorosa). Recordando Frisco siento que abandoné una antigua casa, algo dejé perdido en la carretera. Recordando Frisco siento que soy una extraña y me pierdo en la ciudad donde crecí.
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